PSOE, FEDERALISMO Y NACIONALISMO

españaDada la situación que acontece en la sociedad española y con el fin de encontrar los antecedentes históricos dentro del socialismo en cuanto a la cuestión territorial, me animé a indagar los  diferentes posicionamientos que sostuvo el partido desde su nacimiento con respecto a la cuestión territorial, desde su fundación, hasta la dictadura franquista, con el fin de inspirar y enriquecer en la medida de lo posible, el debate que, con tanto entusiasmo y importantísima trascendencia, acontece, tanto en las filas socialistas como en el conjunto de la sociedad española.

Uno de los aspectos clave a tratar, es la relación del PSOE con la doctrina federalista, para lo que, encuentro necesario, una breve exposición de la corriente federal y principales formulaciones de la misma, aunque estas sean anteriores a la fundación del PSOE (1879).

En 1832, el catalán Ramón Xaudaró, redacta su obra “Bases de una Constitución política o principios fundamentales de un sistema republicano”, obra que inaugura una larga tradición de doctrina federalista constituida por teorías normativas con respecto a cómo debería construirse el federalismo en España. Para Xaudaró, la participación ciudadana solo se logra en estados de pequeñas proporciones, donde el despotismo no consigue imponerse. Para eso configura una teoría, según la cual, España se dividiría en un total de 25 Estados uniprovinciales,  contando cada uno con medio millón de habitantes. Como se puede imaginar, esta teoría no tuvo mayor trascendencia, no obstante, su importancia radica en que, a partir de este momento, tanto demócratas como  republicanos se declaran enemigos del centralismo, sistema que encorseta la participación activa de la ciudadanía, difundiendo esta posición territorial al  igual que la apuesta por el municipio del republicanismo a través de diferentes periódicos de aire republicano aparecidos a lo largo del reinado de Isabel II.

El republicanismo, corriente alternativa a los tradicionales partidos dinásticos y centralistas, se concibe, además de corriente política, como cultural, más bien diría, una cultura política española, de España, ya que, como mínimo,  hasta el Sexenio Democrático (1868-1874), no podremos encontrar ninguna corriente nacionalista más allá que la puramente española.

Dentro de la corriente republicana, la gran mayoría se considera abiertamente federal,  sin más precisiones ni construcciones normativas concretas, bajo la idea fundamental descentralizar los órganos de administración con el fin de contar con los distintos pareceres territoriales y adaptarse a la circunstancia de los mismos.

Empiezan a aparecer voces potentes a favor del federalismo, como la del liberal Emilio Castelar, que se enfrentó frontalmente al socialismo, llegando a afirmar que este es incompatible con la libertad y la democracia, pero sobretodo, cabe destacar a Pi y Margall, cuya posición sostenía que ya no solo el  individuo, desde su autonomía, era el único que tenía el deber de forjar una nación federal y republicana, sino también las clases obreras, desde su autonomía colectiva.

Esta oposición entre socialistas y individualistas, culmina en 1860, con la firma de un pacto, que contenía el común denominador de ambas corrientes, del partido democrático,  destacando por lo que aquí nos  ocupa la defensa de la descentralización del Estado.

Para Pi i Margall, la revolución, además de dar la ansiada libertad al individuo, traería consigo la solución al problema territorial, que, desde el centralismo establecido, limitaba la capacidad de actuación del individuo y limita su libertad, que, desde la estructura administrativa y la gestión gubernamental general  y más específicamente la económica llevada a cabo  desde la capital, conculca los intereses municipalistas, además de su incapacidad para digerir la pluralidad territorial  nacional. La fórmula federal,  será  para Pi, la solución al problema territorial, resolviendo esta la complejidad de identidades que acontecía en el país.

Después de la dimisión del Presidente Figueras, Pi pasa a ostentar la presidencia del poder ejecutivo e impulsa un proyecto de constitución federal; desgraciadamente, este texto no llegó a ser aprobado, dado  el golpe de Estado y la consiguiente restauración borbónica. Fue también en este breve período de tiempo de la I República, cuando explotó el fenómeno del cantonalismo, fruto de una lectura radical de la doctrina federalista, fenómeno que resurgirá a finales del la II República.

No podemos encontrar referencias en los discursos de Pablo Iglesias referentes a la cuestión territorial, no existe un posicionamiento socialista originario por parte del fundador ni referencias al nacionalismo ni al regionalismo, aunque sí que encontramos referencias a un nacionalismo español alternativo al que se propugnaba en la época, al nacionalismo burgués, ensalzado por la casta política dinástica y parte de la republicana,  y esto es sobradamente comprensible en tanto en cuanto analizamos el contexto coetáneo a su vida, caracterizado por su carácter bélico, colonialista y opresor de la clase obrera.

El rechazo del socialismo al citado nacionalismo español, queda plasmado y resumido en su esencia en el uno de los artículos de Ricardo Oyuelo publicado en El Socialista y que decía así:

“Lo declaro con energía, con orgullo; soy francamente antipatriota, antimilitarista […] y enemigo implacable de la idea de patria, tal como hoy se entiende, y de su derivado, el militarismo.

La patria, concepto encarnado actualmente en el predominio de una nación sobre otra, en el orden de la conquista armada, merece mi más profundo odio. El “nacionalista” francés,  soñando siempre con la revancha y deseando resucitar siempre las “glorias militares del águila imperial”, es el prototipo del patriota; tipo execrable y digno de la mayor antipatía por todo hombre amante de la humanidad.

La guerra es la exaltación de los tres factores de la reacción el militarismo, representante de la fuerza contra la razón; la religión, que interviene para obtener mediante sus oraciones el trabajo de las armas; y el  capitalismo, el cual, abierta o solapadamente, va mezclado en toda empresa guerrera.”

En efecto, el socialismo de la época se oponía a la concepción de patria que se tenía, pero no era una oposición al Estado, sino, más bien, una oposición a los efectos que el capitalismo y la ambición individual tenía sobre este, derivándose del mismo  el despotismo militar y colonialista cuyo único objetivo era la ampliación de los mercados para el aumento del beneficio, el aumento, de lo que Marx denominó, la acumulación capitalista.

No existe por tanto, opinión con respecto a los nacionalismos, pero si una crítica a todos aquellos fenómenos sean de la índole que fueren, que distraigan el interés básico de la clase proletaria, la lucha de clases.

No obstante, en época más tardía, encontramos cierta oposición a demandas autonomistas realizadas tanto por la sociedad como por el sector socialista catalán. En 1912, la Federación Socialista Catalana pide una nueva organización interna en el PSOE, basada en las diferentes federaciones regionales que reunirían dentro de cada una de ellas a sus respectivas agrupaciones locales del partido, grupos femeninos y de Juventudes, teniendo estas una gran autonomía propia. No fue esta una propuesta de pura aspiración orgánica, sino que iba enfocada así mismo a la pretensión de cambio del programa del partido con respecto a la organización territorial del Estado, introduciendo el concepto de “nacionalidad”, que se integraría en la “Confederación republicana de todas las pequeñas nacionalidades ibéricas” (IV Congreso de la Federación Socialista Catalana), defendiendo  esta federación una posición muy aproximada en el IX Congreso del PSOE (1912). Finalmente, en el X  Congreso del partido, se concedió una reforma en el  Comité Nacional permitiendo  la incorporación con derecho a voto de delegados de las distintas federaciones.

En 1918 y después de dejar de lado la materia territorial dada la Guerra de Europa, en el XI Congreso y con la llegada de nuevos dirigentes, se decide aceptar la aspiración a una:

“Confederación Republicana de Nacionalidades Ibéricas, reconocidas a medida que vayan demostrando indudablemente un desarrollo suficiente y siempre sobre la base de que su libertad no entrañe para los ciudadanos merma alguna de los derechos individuales ya establecidos en España y de aquellos que son patrimonio de todo pueblo civilizado”.

En 1919, en el Congreso Extraordinario convocado por el partido  con el fin de adscribirse a una internacional u otra, la minoría parlamentaria socialista fue objeto de una feroz crítica por poner en práctica la resolución aprobada en el Congreso anterior (XI) y participar en la campaña autonomista en la región catalana, dado que la ponencia del Congreso vio este hecho como un apoyo  a la burguesía, teniendo como consecuencia esto que se degradase la imagen del partido socialista a los ojos de la clase proletaria.

Para analizar la problemática territorial, vamos a referirnos particularmente al caso vasco, y más concretamente a como Indalecio Prieto se posiciona con respecto a la materia territorial. En el País Vasco, socialismo y nacionalismo son prácticamente coetanios, pues los socialistas fundan la primera casa del pueblo en 1886 y poco menos de una década después, los nacionalistas. Desde un primer momento, el socialismo vasco fue tajante en su pública oposición al nacionalismo. Era una época de bastante inmigración al P. Vasco, inmigrantes que colisionaban con las profundas raíces culturales de la  región, y con el antimaquetismo que abanderaba el nacionalismo del territorio, y más concretamente el  Partido Nacionalista Vasco,  que discriminaba de forma cuasi fascista a los inmigrantes obreros, llegando incluso a cuestionarles su derecho al sufragio o excluirlos del acceso de determinados empleos públicos.

Era este un nacionalismo aburguesado, o más bien burgués, antiespañol, antiliberal y que muy a menudo se cubría bajo los palios clericales, y que veía a los inmigrantes como una amenaza a sus raíces regionales. Era pues este nacionalismo, el principal rival político del Partido Obrero, ya que no existía, como fue el caso de Cataluña, un nacionalismo de aire proletario, sino que este nacionalismo clerical, el vasco, se concebía como la iglesia (PNV), cuyo principal líder era Sabino Arana, donde la totalidad de los nacionalistas comulgaban con su común denominador, el nacionalismo.

Como bien hemos visto, el socialismo catalán se empieza a plantear la problemática territorial en 1912, culminando con el acuerdo del Congreso socialista 1818. En el P. Vasco, fruto de la campaña “República y fueros” y posterior crisis de 1917, la totalidad de las corrientes políticas vascas se replantearían el problema territorial, incluido el socialismo vasco. Indalecio Prieto, hizo una defensa a grandes rasgos de la cultura y tradición foral vasca, pensando que la fórmula fueril podría extenderse a la totalidad del territorio nacional en forma de una especie de “federalismo administrativo”, respetuoso con el municipalismo y al margen de las utópicas aspiraciones nacionalistas, aunque, en el marco de la crisis de 1917, la cuestión territorial no sería la principal para el dirigente socialista vasco.

En las elecciones a las Cortes Generales  de 1918, Prieto se pronunció sobre la cuestión territorial, defendiendo el autonomismo,  apostando por la defensa de la diversidad territorial  dentro del marco de la unidad nacional, apostando por un autonomismo que tenía que impregnarse de españolismo para que este pudiere llevarse a cabo, siempre respetando las libertades individuales, y oponiéndose frontalmente a las aspiraciones separatistas, adscribiéndose a  la fórmula de Margall, siempre sin olvidar el internacionalismo socialista, ya que, como bien recalcó Tomás Meabe antes de fallecer, el socialismo es internacionalista, que no “anacionalista”. No obstante, el eje del discurso electoral fue la defensa de la huelga de 1917 y la defensa de los conculcados derechos constitucionales. Quizás se podría interpretar que, al menos en esta época, el socialismo vasco tuvo que,  de manera un tanto forzada por el contexto social, afrontar la problemática territorial, concluyendo en la adscripción a la doctrina federalista  de Margall.

En Cataluña, mientras el socialismo vasco tenía ya un posicionamiento territorial definido y que le daba una base electoral consolidada, el catalán aun se debatía este, con posicionamientos orgánicos contrapuestos y muchas veces colisionando la posición del socialismo catalán con el español en su conjunto. Fruto de esto,  en 1923, se crea la Unió Socialista de Catalunya (USC), donde confluyen republicanos de izquierdas, miembros de la Federación Catalana del PSOE y miembros de la CNT entre otros. En 1925, la USC se desvincula definitivamente de la federación socialista, prácticamente desapareciendo. No obstante, esta corriente se ve revitalizada en 1930, consiguiendo algunos escaños en el Parlamento Regional e incluso en las Cortes Generales, llegando a adelantar al PSOE en el número de escaños  por la región.

Finalmente, el PSOE, que mantuvo durante largos años un debate interno en materia territorial con posiciones ciertamente opuestas, en 1931, en Congreso Extraordinario, aprobaba la base octava de su Programa Parlamentario que dejaba patente su posicionamiento definitivo ante la cuestión territorial hasta finales del franquismo:

“El Partido Socialista, en su carácter internacional y orgánico, apoyará toda reivindicación autonomista encaminada a lograr el reconocimiento de la personalidad regional; mas a fin de no favorecer movimientos equívocos, debe pedir garantías de la vitalidad de los mismos, y a este objetivo exigir la previa consulta al pueblo antes de asentir al Estatuto autonómico de una personalidad regional.”

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Al fondo a la izquierda

Muy mediática fue la última encuesta del CIS al igual que un tanto dolorosa para los militantes del partido, aunque ya intuimos la realidad electoral aunque muchos giren la mirada por el pánico a la autocrítica.

Para empezar, procedemos a plasmar algunos de los resultados que nos ofrece esta última encuesta, concretamente los que nos preocupan, destacando que solo un 62.5% de nuestros votantes el 20N nos seguiría votando si se celebraran elecciones. El 31.5% de nuestros votantes del 20N considera mala o muy mala nuestra actuación en la oposición y un 57.6% de los votantes del PSOE del 20N declaran que Rubalcaba les inspira poca o ninguna confianza.

La verdad, no son resultados demasiado gratificantes sino más bien, todo lo contrario, y como mínimo nos hace plantearnos que circunstancias son las que están agravando tanto nuestra situación mediaticoelectoral, ya que la excusa de que venimos de un gobierno socialista se queda desfasada, pues estos resultados se hacen respecto al 20N y se tienen que analizar los aspectos de dicha fecha hasta hoy.

Otros resultados que nos dislumbran de un modo bastante claro las circunstancias agravantes de esta dolorosa realidad es la intención actual de los votantes socialistas el 20N, destacando el 4.9% que se ven actualmente identificados con IU. Sin duda alguna, estos resultados nos muestran un giro claro a la izquierda en la intención de voto de nuestros votantes, así como una confirmación del “centralismo” que ya venimos oliendo los militantes y que impregna los sillones de Ferraz.

Claro es que tenemos que dar un giro real a la izquierda, esto es pedido a gritos por los militantes así como por la ciudadanía en general, que se ve desencantada con el aburguesamiento sillonesco y que está harta de la política de despacho y de no ver a sus representantes políticos en la calle.

Bajo mi humilde opinión, es necesario un nuevo congreso de Suresnes, un congreso de la renovación, donde demos un verdadero y real giro a la izquierda, donde dejen de tocar el tambor los mismos que lo tocan desde Felipe González y pasen a coger la batuta los que llevan remando toda la vida, con una renovación de ideas paralela, con autocrítica y afrontando una realidad que si no la afrontamos, dejará en los próximos comicios nacionales a nuestro partido bastante tocado. En fin, a titulo individual siempre me consuelo pensando en las primarias, siempre me consuelo #EsperandoaCarme.

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EL Real Socialismo

Orgulloso me siento de los antecedentes de mi partido, de los orígenes de un pensar histórico, orgulloso de la semilla que en su día, Pablo Iglesias plantó en el tiesto del juego democrático, así como de la lucha llevada a cabo por los socialistas en la Guerra Civil, que, haciendo de la libertad y la democracia su bandera, lucharon con todas sus fuerzas para combatir el repugnante golpe de estado que finalmente aconteció, un partido que, desde sus orígenes y que de acuerdo al principio democrático, defendió un Estado republicano y que sufrieron como ningunos otros, la dura represión franquista.

Lo cierto, es que en la actualidad, en el socialismo contemporáneo nacional (además de en otros partidos como es el caso de Izquierda Unida) aún se mantenga en vigor una especie de contrato tácito firmado en la transición, una supuesta lealtad contraída con el Rey por la sociedad civil por el buen trascurso de una transición sin demasiados incidentes, un “Juancarlismo”, que no monarquismo. Un Juan Carlos que, haciendo suya la famosa frase de su padre, el Conde de Barcelona de “Quiero ser el Rey de todos los españoles”, legalizó el partido comunista sin que al ejército le diera tiempo si quiera a parpadear.

Nadie hoy en día cuestiona ya la labor del Rey en la transición, al igual que su mano derecha para llevar el golpe del 23F, pero constituyen estos hechos la garantía de una monarquía sin final marcado, una garantía de una continuación de sucesiones de esta “dinastía histórica”?

Incomprensible es que, aún en el siglo XXI tengamos que tener en una Constitución engendrada en la modernidad términos tales como “Dinastía histórica”, términos que encontramos en un Título II de la Constitución (De la Corona) y que no deja de ser curioso en cuando a sus contradicciones con el resto de texto constitucional. Como se puede concebir una institución como la Corona cuando nuestra Carta Magna, una de las primera cosas que hace es consagrar que la soberanía reside en el pueblo (art. 1.2)? Quién ha elegido al Príncipe como sucesor? Cuando nos darán la oportunidad de elegir? Es una institución que, pese a no estar legitimada bajo esta gran institución que formamos el conjunto de la ciudadanía aún mantiene vigente este contrato tácito con la sociedad civil y en concreto, con los partidos políticos (véase opinión de Santiago Carrillo sobre el Rey).

Así mismo, como se puede concebir una institución como la Monarquía dentro de una Constitución que consagra como principio supremo la igualdad? No es concebible. Si nos damos cuenta, en cuanto a la sucesión, predomina el barón a la fémina, una “filiación legítima”, es decir, un vínculo paternofilial, una relación de sangre, los descendientes de una determinada familia, el predominio del mayor al menor… En fin, encontramos una institución incapaz de llevar a cabo una modernización que la adapte a los nuevos tiempos que transcurren, una actualización, pero al mismo tiempo, nos damos cuenta de que si la actualizamos, la institución desaparece, es incapaz de modernizarse una monarquía porque es una institución ligada al pasado y que si se cambiaran los aspectos comentados dejaría de ser tal.

Y con todo esto, dejando de lado espectáculos tan grotescos como deslegitimadores como es el caso de corrupción familiar así como la caza de especies protegidas y centrándonos en los aspectos sustanciales de la institución.

La pregunta es, cuando derogaremos este contrato tácito  en el Partido Socialista? Quizá cuando muera el actual Rey y por tanto termine este “Juancarlismo”? Cuando se vayan sucediendo en el partido los puestos a los integrantes de la republicana organización de Juventudes Socialistas? Lo único cierto que sabemos es que, en períodos tan largos de tiempo, hasta los asesinatos prescriben, los que no sabemos es cuando prescribirá, cuando dejará de tener validez este contrato que, insisto, “Juancarlista”, que no monarquista.

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Pan y toros en Valencia

¿Cómo sigue ganando el Partido Popular en Valencia? Esta es la pregunta del millón, la pregunta que tantos se hacen y pregunta que “a priori” encuentra difícil explicación.

Bajo mi humilde opinión la respuesta está en dos elementos clave que vienen íntimamente entrelazados, populismo y medios de comunicación. Como bien sabéis, en Valencia somos (o al menos hemos sido en tiempo de vacas gordas) los reyes del Mambo, los que tenían la America’s Cup, las competiciones de tenis más importantes, el parque temático de Terra Mítica, el Hospital más grande del Universo, una visita grandilocuente del Papa, competiciones de caballos internacionales, en fin, todos los proyectos de más bajo coste, los acogimos allí, los más “baratitos”. El mensaje era claro, tenemos “lo más” (grande, importante, mejor…), y con esto venía el mensaje del éxito económico que todo esto traería ligado. Era una publicidad constante, una publicidad enmarcada dentro del lema (famoso por ser utilizado en la política nazi) de “di una mentira 1000 veces y se convertirá en verdad”.

Famosas son aquellas imágenes donde salen Francisco Camps y Rita Barberá conduciendo coches de alta gama por el circuito, brindando con champán, o aquella imagen en que Rita Barberá sale del avión, abrazada a su copa de la America’s Cup, con cierta cara de desquicio. Pero, ¿Era esta la verdadera realidad, la realidad que vivían los valencianos, en que beneficios quedaron eventos como el Papa, Terra Mítica y un sinfín de proyectos y parafernalia populista?

Pues como bien todos sabéis, en un total y absoluto fracaso, millones y millones de euros (y los que no sabemos, ya que el Gobierno Valenciano alega muchas veces el ser información confidencial) invertidos en infraestructuras carentes de sentido, tales como el Ágora de la Ciutat de les Arts, actualmente repleta de goteras y aún sin acabar, utilizada más bien poco y en su mayoría alquilada por discotecas. En fin, fracaso total.

¿Cuál era la imagen que se trasmitía en los medios de comunicación? Como habéis podido comprobar, la imagen era de Francisco Camps inaugurando esto, inaugurando aquello, que tenemos el aquello más grande del Mundo y un largo y deprimente etc. En fin, “lo más”. A esto hay que añadir el importante agravante de la esperpéntica parcialidad de la cadena autonómica valenciana, Canal 9, en cuyos informativos no había día en el que no salieran imágenes de esta índole y cuya audiencia es una de las más altas en la Comunidad.

¿Cuál era la realidad y cuál es actualmente? La realidad de la época de grandilocuencia mediática no se correspondía en nada con la realidad que vivía el ciudadano de a pie, destacando los innumerables colegios que tenían que impartir su actividad docente en barracones, casetas de obreros adaptadas, algo tercermundista, a todo esto, hay que añadir las últimas posiciones en sanidad, educación, primeras en paro… pero claro, si las estadísticas dicen que somos los últimos de España en sanidad (información que obviamente brillaba por su ausencia en Canal 9) y nos venden la noticia de que tenemos el Hospital más grande del Universo, el efecto queda totalmente anulado ante los ojos de la ciudadanía.

¿Y la corrupción, no afecta? Si se produce una situación como el esperpento político nacional valenciano y esto no se refleja en las retinas de los valencianos, no tiene repercusión alguna. Si somos el vertedero político nacional y esto no aparece en Canal 9, la televisión más vista por los valencianos, el efecto queda más bien en poco. Muestra de la gran manipulación informativa que sufrimos los valencianos queda plasmada en el informativo emitido por la televisión autonómica el día de la dimisión de Francisco Camps, dónde se emitió un reportaje sobre los “grandes logros” llevados a cabo en su gobierno y sin decir, en ningún omento, la palabra dimisión, para los valencianos que solo ven Canal 9, oficialmente, Camps aún no ha dimitido.

¿La realidad actual? Últimas posiciones en todos los ámbitos, eso sí, exceptuando uno, en el del paro. Farmacias que han llegado a estar cinco meses sin cobrar sus facturas por parte de la Generalitat, Ayuntamientos que no cobran y que no pueden pagar a sus proveedores, institutos en los que los niños se tienen que tapar con mantas y que no hay presupuesto ni para tiza, reducción de horarios de centros sanitarios, casos de corrupción tan curiosas como el de Emarsa, dónde los no pocos consejeros cobraban más que el presidente del Gobierno, donde con las tarjetas de la empresa, de dinero  público, aparecieron facturas de viajes a destinos exóticos, hasta facturas tan estrambóticas como la de la compra de ropa íntima de marcas “baratitas” y un sinfín de curiosidades que sin duda alguna, eran imprescindibles para el buen funcionamiento de la empresa, gestionada por altos dirigentes del Partido Popular, reducción de más de la mitad de la partida dedicada a I+D y una larga y dolorosa lista de hechos bochornosos.

En fin, hemos sido los reyes del Mambo, los Jeques del Universo, los notables en el mundo mediático. Recordar la frase de Ortega: “¿Qué es España? Es un torbellino de polvo en el camino de la Historia después de que un gran pueblo haya pasado al galope.” Así estamos, como una nube de polvo sin rumbo marcado, sin respuesta alguna, en un estado de embriaguez después del gran festín, después de que los reyes de la política del esperpento pasaran por nuestras instituciones.

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Un pequeño resumen de mi vida

Nací en el Hospital Virgen del Consuelo (Valencia) el 2 de septiembre de 1993. Cursé mis estudios de primaria en los colegios públicos Miguel de Cervantes (Alcàntera de Xúquer) y Padre Gumilla (Càrcer). Los estudios de secundária los hice en el Instituto público IES Càrcer. Actualmente combino Alcàntera de Xúquer y Madrid como residencia por cuestión de estudios.

En 2011,  me trasladé para estudiar en Madrid, donde estudio Derecho y Economía en la Universidad Rey Juan Carlos, en Fuenlabrada, donde  soy presidente de la Asociación Pablo Iglesias URJC y secretario de la Asociación Aula de Marruecos en España, participando en proyectos conjuntos con la Embajada de Marruecos. También formo parte del Foro Hispano Marroquí de Juristas, así como del Ateneo de Madrid.

En cuanto a aficiones, destacar mi afición por la literatura, la música, la política, los animales así como por el derecho y la economía.

Gran amant de la meua de la meua cultura, de la meua llengua i de la meua terra, el País Valencià.

Entre otras cosas podría decir que soy monitor de tiempo libre, me encanta participar en actividades como escuelas de verano, talleres… pero sobre todo, una de mis pasiones es la del movimiento asociativo, a la que le dedico gran parte de mi tiempo libre.

Entre otros aspectos a destacar, tuve el placer de ser el director de la Conferencia “Imagen de la mujer y políticas de género en el Mediterráneo” así como el de obtener una de las primeras posiciones en la Olimpiada de Economía del País Valencià en el año 2011.

Soy militante de Juventudes Socialistas, dónde ostento actualmente la secretaría general en Alcàntera de Xúquer y S. de Igualdad de la Ribera del Xúquer, y estoy convencido de que las cosas se pueden hacer de otra manera (inclusive dentro del partido), y muchos me caracterizan por ser tremendamente claro y contundente.

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